|
|
|
|
DICCIONARIO ESPIRITISTA
I
Ideas Innatas: Ideas o conocimientos no adquiridos que parece traemos al nacer. Se ha discutido mucho sobre las ideas innatas, cuya
existencia han combatido ciertos filósofos, que pretenden que todas las ideas son adquiridas. Si así fuera, ¿cómo explicar ciertas
predisposiciones naturales que se revelan frecuentemente desde la más tierna edad y sobre las cuales no se ha dado enseñanza
ninguna?. Los fenómenos espiritistas lanzan raudales de luz sobre este problema. La experiencia no permite hoy dudar que cierta clase
de ideas hallan su explicación en la sucesión de las existencias. El conocimiento adquirido por el Espíritu en existencias precedentes se
refleja en las existencias posteriores por lo que llamamos ideas innatas.
Iluminado: Calificación dada a ciertos individuos que pretenden ser instruidos por Dios de una manera particular. Se les considera,
generalmente, como visionarios o desequilibrados mentales. Con la calificación de "secta de iluminados", se ha confundido a todos
aquellos que reciben comunicaciones inteligentes y espontáneas de parte de los Espíritus. Si entre ellos se han hallado hombres
sobreexcitados por su imaginación exaltada, hoy es notorio que debe de hacerse la parte correspondiente a la realidad del hecho.
Infierno: (del latín interna, compuesto de infernus, inferior, que está a la parte baja, debajo; sobreentendiéndose locus: lugar inferior);
así nombrado porque los antiguos lo creían en las entrañas de la tierra. En plural sólo se usa en lenguaje poético o hablando de los
lugares subterráneos, a donde, según los paganos, iban las almas después de la muerte. Los infiernos comprendían dos partes: los
Campos Elíseos, morada encantadora de los hombres de bien, y el Tártaro, lugar donde los malos sufrían el castigo de sus crímenes por el
fuego y otras torturas eternas.
La creencia relativa a la posición subterránea de los Espíritus, ha sobrevivido al paganismo. Según la iglesia Católica, Jesús descendió a
los infiernos, donde las almas de los justos esperaban su advenimiento en los Limbos. Las almas de los pecadores serán precipitadas en
los infiernos. La significación de esta palabra, es, hoy día, muy restringida, y se aplica solamente a la morada de los réprobos; mas al
progreso de las ciencias geológicas y astronómicas, habiendo lanzado raudales de luz sobre la estructura del globo terrestre y su
verdadera posición en el espacio, ha desterrado el infierno de su seno, y no le queda lugar alguno determinado.
En el estado de ignorancia, el hombre es incapaz para las abstracciones y para las generalizaciones; no concibe nada que no esté
localizado y circunscrito; materializa lo inmaterial y llega hasta a rebajar la Majestad Divina. A medida que el progreso de la ciencia
positiva se extiende, reconoce su error; sus ideas dejan de ser mezquinas y el horizonte del infinito se despliega ante su mirada. Por ello
se ha llegado a concebir, según la doctrina espiritista, que no pudiendo ser sino morales las penas de ultratumba, tales penas han de
radicar en la naturaleza imperfecta de los Espíritus inferiores. No hay infierno localizado en el sentido vulgar que se da a tal palabra;
pero cada uno le llevamos con nosotros mismos por los sufrimientos a que estamos sujetos, que no son menos pungentes porque no sean
físicos. El infierno está donde hay Espíritu imperfectos. (Véanse Paraíso, Fuego eterno, Penas eternas).
Instinto: Especie de inteligencia rudimentaria que dirige a los seres vivos en sus acciones, sin intervención de su voluntad y en interés
de su conservación. El instinto se convierte en inteligencia cuando media la deliberación. Por el instinto se obra sin razonar; por la
inteligencia se razona antes de obrar. En el hombre se confunden frecuentemente las ideas instintivas con las ideas intuitivas. Estas
últimas son las adquiridas en estado de Espíritu o en existencias anteriores, de las que se conserva un vago recuerdo.
Inteligencia: Facultad de concebir, de comprender, de razonar. Sería injusto rehusar a los animales cierta especie de inteligencia y creer
que no hacen otra cosa que seguir maquinalmente el impulso ciego del instinto. La observación demuestra que en muchos casos obran
deliberadamente y según las circunstancias; pero esta inteligencia, por admirable que sea, se limita siempre a la satisfacción de las
necesidades materiales, mientras que la del hombre le permite elevarse por encima de la condición de la humanidad. La línea de
demarcación entre los animales y el hombre, es trazada por el conocimiento que le es posible alcanzar a éste último respecto del Ser
Supremo. (Véase Instinto).
Intuición: Percepción o conocimiento instantáneo de una verdad o idea sin la participación de razonamiento alguno. (Véanse Instinto,
Ideas innatas).
Invisible: Nombre con el cual ciertas personas designan. a los Espíritus en sus manifestaciones. Esta denominación no nos parece
acertada, en primer término, porque si la invisibilidad es, para nosotros, el estado normal de los Espíritus, sabido es que no es absoluta,
puesto que se nos pueden aparecer en forma visible; y en segundo lugar, porque esa calificación no tiene nada que caracterice
esencialmente a los Espíritus, desde el momento que se aplica también a todos los cuerpos inertes que no afectan al sentido de la vista.
La palabra Espíritu, tiene, por sí misma, una significación que evoca la idea de un ser inteligente e incorpóreo. Advirtamos aún, que
hablando de un Espíritu determinado, del de Fenelón, por ejemplo, se dirá: "Es el Espíritu de Fenelón quien ha dicho tal cosa"; y no: "Es
el invisible de Fenelón quien ha dicho tal cosa." Perjudica siempre a la claridad y a la pureza del lenguaje el desviar las palabras de su
propio significado.
Invocación: (del latín, in, en, y vocare, llamar). Evocación (del latín, vocare, y e o ex, de, fuera de). Estas dos palabras no son perfectos
sinónimos, aunque tengan la misma raíz, vocare, llamar, y es un error emplear la una por la otra. "Evocar, esto es, llamar, hacer venir,
hacer aparecer por ceremonias mágicas, por encantos. Evocar las almas, los Espíritus, las sombras. Los necrománticos pretendían evocar
las almas de los muertos." (Acad.) Entre los antiguos, evocar era hacer salir las almas de los infiernos para que respondieran al conjuro.
Invocar: Es llamar en sí o en su socorro a una potencia superior o sobrenatural. Se invoca a Dios por la oración; en la religión católica se
invoca también a los Santos. Toda plegaria es una invocación. La invocación está en el pensamiento; la evocación es un acto. En la
invocación, el ser a quien se dirige atiende; en la evocación se desplaza del lugar en que está para venir a nosotros y manifestar su
presencia. La invocación no se dirige sino a los seres que se supone bastante elevados para asistirnos; la evocación se hace a los
Espíritus inferiores lo mismo que a los superiores. "Moisés prohibió, bajo pena de muerte, evocar las almas de los muertos, práctica
sacrílega en uso entre los cananeos. El capítulo XXII del libro segundo de los Reyes, habla de la evocación de la sombra de Samuel por la
Pitonisa".
El arte de las evocaciones, como se ve, remonta a la mayor antigüedad: se halla en todas las épocas y en todos los pueblos. Antes, la
evocación fue acompañada de prácticas místicas, sea que se las creyera necesarias, o sea, y esto es lo más probable, que de ese modo se
las revestía con el prestigio de un poder superior. Hoy se sabe que el poder de evocar no es un privilegio de nadie, que pertenece a todo
el mundo, y que todas las ceremonias mágicas y cabalísticas, no son sino un vano aparato.
Según los antiguos, todas las almas evocadas, o iban errantes, o venían de los infiernos, que comprendían, como se ha dicho, así los
Campos Elíseos como el Tártaro. No se daba a ello ninguna mala interpretación. En el lenguaje moderno, como la significación de la
palabra infierno se ha restringido á la de lugar de castigos, se sigue, para ciertas personas,. que la evocación se hace solamente en los
malos Espíritus o demonios; pero esta creencia vi desapareciendo a medida que se adquiere un conocimiento más profundo de los
hechos. Por ello resulta la menos extendida entre todos los que creen en la realidad de las manifestaciones espiritas. No puede
prevalecer ante la experiencia y un razonamiento libre de prejuicios.
|
|
|