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DICCIONARIO ESPIRITISTA

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Necromancia: (del griego nekros, muerte, y manteia, adivinación). Arte de evocar las almas de los muertos para obtener de ellas
revelaciones. Por extensión, se aplica ese nombre a todos los medios de adivinación y se califica de necromántico al que ejerce la
profesión de agorero. La necromancia, en la verdadera acepción de la palabra, ha debido ser, sin duda alguna, uno de los primeros medios
empleados en tratar de descifrar lo futuro. Según la creencia vulgar, las almas de los muertos debían ser los principales agentes en los
otros métodos de adivinación, tales como la quiromancia (adivinación por el examen de la mano), la cartomancia (adivinación por el
juego de los naipes), etcétera. Los abusos y el charlatanismo han desacreditado la necromancia no menos que la magia.
Noctámbulo, Noctambulismo: (del latín nox, noctis, noche, y ambulare, andar, pasear). Aquel que anda o pasea, durmiendo, durante la
noche; sinónimo de sonámbulo. Esta última palabra es preferible, teniendo en cuenta que noctámbulo y noctambulismo, no implican, de
ningún modo, la idea de sueño.

 

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Oráculo: (del latín os, oris, la boca). Respuesta de los dioses a las preguntas que se les hacían según las creencias paganas; se les dio
ese nombre a tales respuestas porque generalmente eran transmitidas por la boca de las pitonisas (véase esta palabra). Por extensión,
se aplicaba el nombre de oráculo al que pronunciaba las respuestas de los dioses y a toda otra clase de medios empleados para conocer
el porvenir. Todo fenómeno extraordinario que hería la imaginación se atribuía a expresión de la voluntad de los dioses y se convertía en
oráculo. Los sacerdotes paganos, que no desperdiciaban ocasión para explotar la credulidad, se hacían los intérpretes de los oráculos y
consagraban a ello templos, donde se celebraban con gran solemnidad pomposas ceremonias. A éstas asistían los fieles, quienes
aportaban valiosas ofrendas con la quimérica esperanza de conocer el porvenir. La creencia en los oráculos tiene su origen,
evidentemente, en las comunicaciones espiritistas que el charlatanismo, la concupiscencia y el deseo de dominación rodearon de
prestigios, y que nosotros vemos hoy en toda su simplicidad.

 

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