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SE AMABLE

UNA DE LAS características más importantes del budismo es el respeto que enseña hacia todo lo que existe en el universo. El hombre es parte de él, al igual que los animales, los vegetales y minerales. Este pensamiento proviene del origen divino que se atribuye a los tres reinos y al hombre. Sidarta Gautama explicó que la cesación del sufrimiento se consigue siguiendo el «óctuple noble sendero». Si se vive de acuerdo a las ocho reglas que en él propuso, se logra la paz interior y el estado de iluminación en el cual se deja de sufrir.

EL NOBLE SENDERO

LOS PRECEPTOS que forman esta vía se pueden dividir en tres grupos. Estos grupos están basados en la creencia de que todo ser humano tiene tres puertas de acción. La puerta del cuerpo, la puerta de la palabra y la puerta de la mente:

SILA (MORALIDAD)

Controla la puerta del cuerpo y la del lenguaje.
En este grupo hay tres prescripciones muy importantes: recto lenguaje, recta acción y recta vida.
RECTO LENGUAJE
Buda recomienda abstenerse de mantener cuatro actitudes que no sólo resultan nocivas para uno mismo sino, también, para los demás:
•                      Abstención de mentir
•                      Abstención de calumniar
•                      Abstención de utilizar un lenguaje áspero -Abstención de utilizar un lenguaje frívolo
RECTA ACCIÓN
Se apoya en tres recomendaciones:
•                      Abstención de matar seres vivos -Abstención de robar
•                      Abstención de mantener una conducta sexual ilícita
RECTA VIDA
Algunos autores han traducido este precepto como «recto modo de vida», en el sentido de lo que el hombre debe trabajar para ganar su sustento. Las recomendaciones en este apartado son cinco:
•                      Abstenerse de comerciar con venenos
•                      Abstenerse de comerciar con intoxicantes (alcohol, drogas)
•                      Abstenerse de comerciar con armas
•                      Abstenerse de comerciar con esclavos
•                      Abstenerse de comerciar con animales para la matanza

SAMADHI (CONCENTRACIÓN)

Su propósito es controlar la puerta de la mente y se basa en tres actitudes: recto esfuerzo, recta atención y recta concentración. Durante la meditación, cuando estos componentes son los que ocupan nuestra mente, ésta se ve temporalmente libre de impurezas.

PAÑÑA (SABIDURÍA)

Las dos recomendaciones que hace Buda en este apartado también se relacionan con la puerta de la mente. Los anteriores, la liberaban temporalmente de impurezas; el propósito de éstos es conseguir que esa liberación sea definitiva. La sabiduría tiene dos vías: recto entendimiento y recto pensamiento.
RECTO ENTENDIMIENTO
Gracias a él se comprende que todos los seres tienen karma; por ello, las malas acciones producen efectos negativos, malos y perjudiciales, en tanto que las buenas generan, por el contrario, efectos buenos y positivos.
También se incluye en el recto entendimiento la comprensión de las «cuatro nobles verdades»:
•                      La noble verdad del sufrimiento
•                      La noble verdad del origen del sufrimiento
•                      La noble verdad del cese del sufrimiento
•                      La noble verdad del sendero que conduce al cese del sufrimiento
RECTO PENSAMIENTO
El recto pensamiento implica, por un lado, renunciación: es necesario tomar conciencia de que los deseos y anhelos constantes son los que nos alejan de nosotros mismos, los que provocan el dolor y el sufrimiento.
Por otro lado, el recto pensamiento significa ausencia de mala voluntad, de maldad, de crueldad. El entendimiento ayuda a comprender y a sentir la unión con todo lo que existe; de ello surge el amor, que facilita el recto pensamiento. Se puede observar que la mayoría de los preceptos tienen como objeto común a todos ellos el respeto, no sólo a uno mismo y al resto de los hombres, sino a todo lo existente.

EL AMOR

En las propuestas que hace Buda en el Noble Sendero, no hay ninguna que incluya la palabra «amor» mientras que muchísimos maestros espirituales que dicen apoyarse en sus enseñanzas, rara vez dejan de mencionarla. Seguramente, los años de peregrinaje y profunda reflexión que ha pasado Sidarta Gautama antes de pronunciar las cuatro nobles verdades y elaborar el sendero, le hicieron comprender cabalmente su propia naturaleza, para empezar, y luego la naturaleza humana en general.
Él hablaba al hombre corriente y no al eremita o al filósofo; se dirigía a personas que podían estar muy lejos de la perfección, que tal vez jamás habían sentido inclinación espiritual alguna.Y fue su sencillez y su sorprendente lucidez mental las que le hicieron ganar millones de adeptos. Es fácil decir «estoy lleno de amor y luz» y, a la media hora, comentar sin piedad alguna los defectos de un tercero.
Está bien visto dar prolongados y estudiados abrazos, pasando ambas manos por toda la espalda, no para expresar lo que se siente sino para transmitir la idea de «mira qué bien abrazo y qué espiritual soy. ¿Ves cómo te transmito mi amor?» mientras interiormente uno lamenta la pérdida de tiempo que significará haberse encontrado con alguna persona a la que en ese mismo instante no tiene ganas de ver. Y es este «lenguaje espiritual» que se ha puesto tan de moda, lo que enmascara la verdadera espiritualidad, el verdadero amor, la auténtica solidaridad y las puertas de acceso a la comunión con el universo.
El amor que debe experimentarse no es un concepto hueco sino un sentimiento que nace de la identificación de uno mismo con todas las criaturas que existen. Cuando se está frente a una persona que tiene un grave problema, es fácil sentir empatía, conmoverse interiormente y experimentar la necesidad de ayudar. Eso, sin duda, puede ser calificado de amor.
Pero si quien se tiene delante es una persona poderosa y déspota, que hace la vida difícil a todos cuantos están a su alrededor, el amor hacia ella no surge tan fácilmente; muy al contrario, es más probable que se presenten otros sentimientos negativos.
A pesar de ello, quien así se comporta también es parte del universo; también es obra del principio creador y, como tal, merece respeto. Eso no significa que no se le deban poner límites. En estos casos, es necesario tomarse el esfuerzo de intentar comprender cuáles son los miedos que le llevan a actuar así; por qué ve el mundo como un campo de batalla en donde quien golpea primero tiene más posibilidades de sobrevivir.
Entender que, en el fondo, es un ser desgraciado, que sufre y que no puede ver la salida; que está mucho más lejos de la auténtica felicidad que nosotros o que otras personas cargadas de problemas materiales y que, a menudo, se encuentran bajo su yugo. Y no es cuestión de abrazarle prolongadamente para transmitirle un amor que, seguramente, rechazará de plano; de lo que se trata es de mostrarse amable y respetuoso, a la vez que se dejan los límites muy claros.
Habitualmente se dice que lo importante es sentir amor, dejándose en un segundo plano el hecho de comprender que pertenecemos a una misma sustancia, y ahí estriba el error: el amor, como sentimiento, pasa siempre por la identificación; amamos en el otro aquello que resuena en nuestro interior.
Por ello, lo primero que hay que cultivar es el «recto entendimiento de la realidad», que nos llevará a identificarnos con todo lo que exista, a considerarlo como parte inseparable de algo a lo que pertenecemos. Una vez logrado esto, el amor surgirá espontáneamente sin tener que hacer ningún esfuerzo.

LA AMABILIDAD ES UN VOTO DE CONFIANZA

En los tiempos del hombre primitivo, la carga agresiva estaba básicamente dirigida a defenderse de los depredadores, a juntar las fuerzas necesarias para luchar contra la naturaleza salvaje. El estado de alerta estaba orientado a detectar rápidamente cualquier cosa que amenazara la supervivencia del individuo y del grupo ya que el entorno era sumamente hostil.
Actualmente, la humanidad tiene puestas las alarmas contra sí misma: los principales enemigos de cualquier grupo humano ya no son las bestias sino otro grupo, compuesto por hombres. Y esta desconfianza y odio hacia los demás, lo único que puede generar es desconfianza y odio por parte de los otros; por parte de los que podríamos definir como los parientes más próximos en la gran familia cósmica.
Es difícil, en este entorno, cultivar unos sentimientos más nobles y positivos; todo lo que hay a nuestro alrededor nos empuja a cargarnos de miedos que se traducen en desconfianza y, cuando se vuelven permanentes, se convierten en abierto rechazo o en odio.
La mejor manera para desarrollar una amabilidad sana y natural es empezar por ser amables y bondadosos con nosotros mismos; aceptar nuestros defectos en cuanto los vemos, como parte de un conjunto, sabiendo que, afortunadamente, somos conscien tes de ellos y así los podremos corregir. El conocimiento de las propias imperfecciones no debe amilanarnos ni abatirnos ya que si tomamos contacto con ellas seremos mucho más capaces de aceptarlas en los demás porque, precisamente, son las que pueden mostrarnos el camino hacia el débil corazón del prójimo.